Comprendí que era el amor, cuando todo había vuelto a su lugar, cuando esa persona me había tomado la mano para comprender, que no solo se trata de amar, que amar se trata de muchas cosas mas. Y con el tiempo comprendí tantas otras, el tiempo no era precisamente mucho, el tiempo era lo que yo denominaba que fuese, para darme cuenta con exactitud, el momento y la situación en que todo este amor empezaba a florecer. Las ganas de poner absolutamente toda mi voluntad en esto, congelaban y mataban los malos ratos pasados en otras situaciones similares. Era tanta la realeza de su amor, que me encandilaba el solo vivir los segundos y pasar el tiempo como si fuese otro capítulo de un cuento de castillos. Las maravillas volaban ante mis ojos, entre tanta desgracia, sabían quedarse y aferrarse a mí. El sueño era el mismo plasmado en lo que yo necesitaba y en lo que el podía darme. Era un va y viene de sensaciones y besos, que los dos no podiamos controlar, o tampoco queríamos, el amor se iba dando, y junto a el, la relación se iba formando. Pensaba que era tempranamente para sentir estas cosas, pero no me importó si era temprano o no, sentía que era el momento preciso y si no lo era, quería hacerlo preciso sin adelantar mis pasos ni los de la relación. Su amor me aseguraba todo lo que nadie me habia asegurado en mucho tiempo, y calmaba el deseo de ser respondido con igualdad.
